Hermandad entre mujeres

En últimos días me resultó importante analizar, ¿por qué es común escuchar a mujeres quejándose de otras mujeres?, señalar que es mejor la relación con los hombres, que son mejores amigos, mejores compañeros de trabajo.

 

Incluso un par de veces encontré en redes que es más grave la violencia que ejerce una mujer contra otra, incluso por encima de los asesinatos de mujeres.

 

Definitivamente no coincido y mucho menos cuando miro un entorno en el que puedo percibir que hay lazos amistosos muy importantes entre mujeres, hay apoyo, ayuda, acompañamiento, organización.

 

Es maravilloso ver a las mujeres organizándose, a las amigas de la escuela que muchas veces hasta caminan de la mano.Las relaciones con nuestras madres, hermanas, primas, amigas son las mejores cosas que nos pueden pasar.

 

 Por supuesto que como en todo,  habrá algunas con las que no coincidimos como ocurre también con nuestras relaciones con hombres.

 

Pero en el caso de las mujeres el asunto parece ser irreconciliable, es un asunto que parece que no puede olvidarse, incluso es destructivo.

 

Por ejemplo, en un asunto de infidelidad la mayoría de las mujeres perdonan y regresan con sus parejas, pero nunca perdonan a la mujer con quien las engañó su pareja, cuando fue una decisión de ambos. Las mujeres en lo general llegamos a ser muy duras con otras mujeres.

 

Sin embargo estoy convencida que no es un asunto genético, ni una conducta natural;  es algo que quizá tampoco hemos aprendido o  no conscientemente. Me parece  más una consecuencia de la forma en la que hemos sido educadas para ser mujeres.

Si lo analizamos una gran parte de nuestra educación  familiar o social, se ha dirigido en algún momento en un actuar determinado para obtener la aprobación o el reconocimiento de las personas.

 

Incluso a cuantas personas no han escuchado decir desde el embarazo “qué bueno que es niña”, “las niñas son más fáciles de controlar, son más tranquilas, siempre permanecen pegadas a la familia, los hombres no, ellos se van se desentienden”,

 

Y así estos y otro tipo de comentarios van de alguna forma a aceptar a los hombres tal cual son.

 

Por su parte, de las mujeres se espera siempre lo mejor, para ser queridas, consideradas bonitas, buenas, en fin, aceptadas. Y entonces todas o por lo menos la gran mayoría, crecimos con estas condicionantes en la familia, en la escuela, la iglesia, en algún lugar este tipo de manifestaciones nos han marcado.

 

Ahora en tiempos más modernos, pareciera que esto no ha cambiado, incluso las exigencias han aumentado, no basta con ser bonita, también hay que ser una destacada profesionista, vestir bien, tener hijos, esposo y lucir perfecta.

 

Los hombres desde hace mucho han resuelto esta situación, se puede esperar cualquier cosa de ellos, “así son los hombres”, no se les exige tanto, sino se mantiene limpio, sino cuida sus modales, si orina en la calle,  si no es buen padre, etcétera,  no importa, o al menos eso no lleva a ser una persona no querida o no valorada, pues siempre hay una justificación para ellos.

 

Entonces, cuando las mujeres por decisión o por determinadas circunstancias no cumplimos las expectativas, estamos desafiando el sistema.

 

Las mujeres somos las principales vigilantes de que esas exigencias se cumplan, llegando a ser muy duras con otras mujeres por estas propias exigencias; las juzgamos desde nuestra exigencias y nuestras carencias,.

 

Si una mujer le gusta vestir con escotes pronunciados, juzgamos que es una mujerzuela fácil y desagradable porque desde nuestra educación, nos dijeron que esas mujeres no tenían valor, ni ellas se valoran y nadie las valora.

 

Para quienes fueron educadas así, vestir así no es lo correcto, eso no está bien y nos lleva a desacreditarla, desde nuestras emociones, nuestros valores, nuestras  propias exigencias  y entonces la sanción es tajante que esa mujer es la peor del mundo y no merece nada bueno.

 

Partimos del yo no haría  lo que ella hace y entonces es malo, es muy grave lo que ella hace y repercute en todos los aspectos de su vida.

 

Por ejemplo, si una compañera de trabajo obtiene un ascenso, como yo también llevo tiempo en este trabajo y no me lo ofrecieron a mí, que considero que he cumplido con lo que se espera, entonces algo distinto hizo esa mujer… seguro anda con el jefe… y pongamos que si anda con el jefe.

En lugar de cuestionar este abuso de poder del jefe, ella es la mala, ¿por qué? Pues porque yo no lo haría… y ella sí y eso la hace despreciable y enoja y molesta; entonces el asunto pareciera irreconciliable.
Por el bienestar tuyo, mío, de nuestras hijas y de todas las mujeres, es necesario cambiar estas ideas y prácticas, esta relación con las mujeres. Ya que no nos lleva a ningún lado, por el contrario nos lastima y entorpece nuestros propios pasos, pues tarde que temprano en algo no coincidiremos con otras mueres.

 

Por eso hay que ir abandonando esta conducta aprendida pues obstaculiza las relaciones con otras mujeres.Comencemos a cuestionar las voces que nos han exigido a ser de determinada forma y que nos imposibilita hacer una crítica constructiva de todas las situaciones.

 

Porque se vale criticar, pero no exigiendo sólo a las mujeres desde nuestro imaginario, marcándola para siempre como la peor; hagamos un análisis de todas las circunstancias, responsabilizando a las mujeres y los hombres involucrados; que no nos lleven al reproche, a la sanción moral, sino a ser mucho más objetivas, construirnos.

 

Reflexiones, análisis que nos lleven a aceptar que nuestra misión no es educar a todas las mujeres y que no tenemos por qué ser iguales entre nosotras  pues como ya lo he manifestado, nuestra relaciones amistosas, laborales, afectivas, marcan nuestra vida favorablemente, nos enriquecen, nos nutren y podemos disfrutarlas y respetarlas, no es verdad que mujeres juntas ni difuntas.

 

¿Qué sería de nuestras vidas sin las mujeres que forman parte de nuestras historias?, si nos aceptamos diversas, con distintas cualidades, reconociéndonos, sin que nuestras diferencias nos lleven a desprestigiarnos y lastimarnos.  

 

Tenemos derecho de no caerles bien a unas y de no coincidir con otras, podemos estar juntas y separadas si así lo decidimos, pero sin que esto nos defina ni nos clasifique entre buenas y malas.

Sobre la autora

Es una mujer que cree en las mujeres, licenciada en derecho, con ganas de mantenerse feliz, convencida de que el universo la sostiene.

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